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De una de las huacas surgió como un milagro de esplendor y belleza, una diosa, Era Cavillaca, una doncella fina y delicada como una vicuña. Había brotado en el paraje distante y elevado de Anchicocha. Ella misma gustaba de las soledades recónditas y se alejaba siempre de la compañía de las otras huacas y seres divinos. Y así se mantenía siempre virgen





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